Lo que debes saber sobre la cirrosis

Autor: MIDOCONLINE


Publicado: 2017-11-13

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De acuerdo con la OMS, cada año hay alrededor de 3.3 millones de muertes atribuibles al consumo nocivo del alcohol, ya sea por enfermedades no transmisibles o cardiovasculares, traumatismos derivados de violencia o accidentes automovilísticos. Y como si eso no fuera suficiente, el alcohol también es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos. Por esto, cada 15 de noviembre, la OMS celebra el Día Mundial Sin Alcohol, el cual busca crear consciencia sobre los efectos del consumo nocivo de esta sustancia en los adolescentes y adultos jóvenes, ya que son los grupos más afectados por él. Dentro de todo este panorama, hay una enfermedad que sobresale y es el tema central de este artículo, ya que 70% de sus casos están fuertemente relacionados con el consumo inmoderado del alcohol: la cirrosis.

La cirrosis es la deformación de la estructura interna del hígado por la formación de fibrosis, o cicatrices, que posteriormente provocan la aparición de estructuras no funcionales denominadas nódulos de regeneración, los cuales no le permiten a este órgano realizar sus funciones de manera correcta y llevan a un pronóstico grave a quien la padece. Estas fibrosis es provocada por daños que sufre el hígado, es decir, cuando el hígado se lesiona, este intenta repararse por sus propios medios provocando la aparición de estas cicatrices.

Estas malformaciones en el hígado impiden que éste realice las siguientes tareas:

- Producir proteínas.

- Ayudar al sistema inmunológico a combatir infecciones.

- Limpiar la sangre.

- Ayudar a digerir los alimentos.

- Almacenar energía.

Aunque el consumo del alcohol sea la causa principal de  los casos de cirrosis, también existen otras causas. La segunda más común es la hepatitis, que junto con el consumo nocivo de sustancias alcohólicas provocan el 80% de los casos de esta enfermedad. Cuando una persona contrae hepatitis por virus B o C puede sufrir de lesiones en el hígado y, si suceden las suficientes, estás pueden evolucionar de una hepatitis crónica a una cirrosis. Otras causas pueden ser antecedentes familiares de la enfermedad, la inflamación o bloqueo de los conductos biliares en el hígado, el uso de ciertos fármacos; como el metrotexate, que causan mucho daño hepático, algunas cardiopatías, sobrepeso, diabetes y algunas cirugías intestinales.

Generalmente, la cirrosis no presenta síntomas sino hasta que el tamaño de las lesiones en el hígado son demasiado grandes. Sin embargo, existen casos en los que ciertos signos empiezan a aparecer en etapas más tempranas, en los cuales los síntomas más importantes que se presentan son:

- Propensión a hematomas (moretones).

- Decoloración amarilla en la piel y en la parte blanquecina de los ojos.

- Acumulación de líquido en el abdomen.

- Hinchazón en las piernas.

La cirrosis es una enfermedad que se puede controlar, pero sus complicaciones son la principal amenaza a la vida de quienes la padecen. El mal derivado de la cirrosis y responsable de la aparición de sus complicaciones es la hipertensión portal, que es cuando la vena porta; vena con la función de llevar los nutrientes al hígado para su metabolización, sufre de una obstrucción en su flujo por la fibrosis y las alteraciones en la estructura interna del órgano en el paciente cirrótico y sufre de mayor presión sobre ella.

Las complicaciones más comunes por la cirrosis y la hipertensión portal son:

Hemorragia digestiva por varices: Cuando se presenta el aumento de presión en la vena porta, las venas en el esófago y estómago se dilatan para intentar derivar el flujo de sangre por ellos. Si alguna de estas venas explota por la presión se origina un sangrado digestivo. Este sangrado es considerado una urgencia médica y tiene un índice de mortalidad del 50%.

Ascitis: Acumulación excesiva de líquido en la cavidad abdominal, la cual se manifiesta con un abdomen prominente.

Peritonitis: Se puede definir como la infección del líquido acumulado en la ascitis.

Encefalopatía hepática: Concentración de productos tóxicos en la sangre como consecuencia del daño hepático, que puede llegar al sistema nervioso central y causar una lesión cerebral. A esta lesión cerebral se le denomina encefalopatía hepática.

Síndrome hepatorrenal: Daño agudo en el riñón. El tratamiento para este síndrome es el trasplante de hígado.

La cirrosis no tiene cura. Una vez que el hígado ha sufrido lesiones, estás son irreversibles, por lo que el tratamiento de esta enfermedad está centrado en evitar que se presenten complicaciones que puedan agravar el cuadro clínico del paciente. Las medidas más efectivas para prevenir esta enfermedad son no abusar del consumo del alcohol y protegerse contra la hepatitis.

Fuentes: OMS, WebConsultas, MayoClinic.

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